Escribir sin mirar el calendario: la lección de madurez de José Saramago

Cuando decidí publicar mi primera novela en Amazon hace dos meses, a mis 60 años, una parte de mí se preguntó si no llegaba demasiado tarde. Vivimos en una cultura que idolatra la juventud y los éxitos tempranos, donde parece que si no has triunfado antes de los treinta, el tren ya ha pasado. Sin embargo, la historia de la literatura está llena de creadores que demostraron todo lo contrario: que la madurez es, a veces, el mejor caldo de cultivo para una gran historia.

El ejemplo más luminoso de esto es, sin duda, José Saramago.

El célebre Premio Nobel portugués es el patrón indiscutible de los escritores tardíos. Aunque intentó escribir en su juventud, la vida, el trabajo y las dificultades lo mantuvieron alejado de las grandes editoriales durante décadas. No fue hasta 1982, precisamente cuando cumplió los 60 años, que publicó Baltasar y Blimunda, la novela que lo catapultó a la fama internacional y cambió su destino para siempre. El propio Saramago afirmaba con orgullo que su carrera literaria real había comenzado a esa edad, cuando la experiencia vital acumulada le dió la voz profunda y única que el mundo conocería después.

Al igual que le ocurrió a Saramago, mi manuscrito pasó mas de 30 años guardado en un cajón. Las prioridades del día a día, la búsqueda de empleo y otras circunstancias personales me obligaron a posponer mi sueño de juventud. Pero hoy entiendo que ese tiempo no se ha perdido. La novela que he publicado en Amazon KDP hace dos meses no es la misma que escribí a los veintitantos; está revisad, pulida y enriquecida desde la perspectiva y la madurez que tengo hoy.

La tecnología actual y las plataformas de autopublicación nos dan a los autores independientes una libertad mayor que en épocas pasadas. El proceso técnico de maquetación y diseño puede ser un reto, pero la recompensa de ver tu obra disponible en todo el mundo es inmensa.

Cumplir un sueño a los 60 años no es una anomalía; es la prueba de que la paciencia acaba por tener su recompensa.

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