El guardián entre el centeno es de esos libros que te encuentras en todas las listas de “imprescindibles” y que todo el mundo te dice que tienes que leer sí o sí. Con esa expectativa, yo empecé la lectura esperando algo mucho más potente de lo que acabé encontrando.
La historia sigue a Holden Caulfield, un adolescente que va dando tumbos por Nueva York mientras intenta encajar (o más bien lo contrario). Todo está contado desde su punto de vista, que es bastante particular: muy subjetivo, repetitivo y a veces un poco caótico.
El problema para mí es que esa voz, que a muchos les parece brillante, se me hizo más bien pesada. No acabé de conectar con Holden ni con su forma de ver el mundo, y en varios momentos la lectura me pareció más superficial de lo que esperaba para un libro con tanta fama.
Entiendo que se lea como un retrato de la adolescencia y la incomodidad con el mundo adulto, pero en mi caso no terminó de funcionarme. Me dejó la sensación de una novela muy inflada por su reputación más que por lo que realmente me transmitió.
En resumen: esperaba una obra maestra y me encontré con un libro que, simplemente, no era para mí.
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